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Thursday, December 18, 2025

CUANDO CREEMOS QUE TODO TIENE UN DESTINO, DEJAMOS DE PENSAR

 Serie: Análisis del Pensamiento de Konrad Lorenz en su obra: DECADENCIA DE LO HUMANO - Parte II

En Decadencia de lo humano, Konrad Lorenz se detiene en una idea que, aunque parece abstracta, tiene consecuencias muy concretas en nuestra forma de vivir: la creencia de que el mundo, la historia y la evolución siguen un rumbo predeterminado, como si todo tuviera un objetivo final ya decidido.

Siguiendo al autor, es importante aclarar algo desde el inicio: solo en los procesos orgánicos concretos existe algo parecido a una finalidad clara. Cuando un ser vivo actúa con un propósito —buscar alimento, protegerse, reproducirse— hay una estructura reconocible: se fija un objetivo, se eligen medios y se verifica si esos medios funcionan. Como explica Lorenz apoyándose en Nicolai Hartmann, este proceso requiere siempre un “portador” de la acción, alguien que decide, corrige y asume errores. En palabras del propio Lorenz, “solo una conciencia puede fijar objetivos, anticipar y seleccionar medios”.

Aquí aparece una distinción clave que suele pasarse por alto. El hecho de que en la naturaleza existan procesos ordenados no significa que el universo entero tenga un plan, ni mucho menos que la humanidad sea el punto culminante de ese supuesto plan. Sin embargo, esta idea ha resultado muy seductora para el ser humano. Como dice Lorenz, nos gusta pensar que somos la meta final de todo lo que existe, porque eso alimenta nuestra importancia y nos tranquiliza.

El problema surge cuando esa creencia se traslada a la historia y a la sociedad. Si pensamos que la evolución humana, el progreso tecnológico o el desarrollo social avanzan hacia un destino inevitable, entonces dejamos de sentirnos responsables. Todo se convierte en algo que “tenía que pasar”.

Hoy esta forma de pensar sigue muy viva. Se escucha cuando alguien dice: “la tecnología avanza sola”, “el sistema no se puede cambiar” o “la historia siempre se repite”. Como advierte Lorenz, estas frases esconden una renuncia peligrosa: la renuncia a decidir conscientemente.

Lorenz critica con claridad la costumbre de interpretar la evolución como una escalera que sube desde lo simple hasta lo perfecto, culminando en el ser humano. Esa imagen —tan repetida en libros, esquemas y discursos— nos hace creer que todo estaba ya contenido desde el inicio, que el final estaba escrito. Pero, como señala el autor, esto es una ilusión cómoda. “Se endosa a la evolución una dirección que solo se interpreta después de ocurridos los hechos”, advierte.

Aquí Lorenz coincide con Karl Popper, quien desmonta la idea de que la historia pueda predecirse como se predicen fenómenos físicos. Popper afirma que el conocimiento humano es imprevisible, y como el conocimiento influye en la historia, entonces la historia también lo es. Ningún cerebro humano ni ninguna máquina puede anticipar con certeza sus propios resultados futuros. Pretender lo contrario no es ciencia: es superstición moderna.

Traído a nuestro tiempo, esto tiene implicaciones muy concretas. Cuando se promete que ciertos modelos políticos, económicos o tecnológicos conducirán inevitablemente a un futuro mejor, se está vendiendo una ilusión peligrosa. Según Lorenz, no existe un progreso automático. Cada avance puede construir o destruir, dependiendo de cómo se use y de quién asuma la responsabilidad.

La evolución, tanto biológica como cultural, no avanza “hacia arriba” por naturaleza. Puede avanzar en cualquier dirección. Y cuando una sociedad pierde la capacidad de evaluar valores, de corregir errores y de asumir consecuencias, esa dirección suele ser descendente.

Lorenz lo dice sin rodeos: creer que todo está predeterminado equivale a negar al ser humano como ser responsable. Y una humanidad que se percibe a sí misma como simple pasajera del destino termina comportándose como tal: obediente, acrítica y moralmente pasiva.

En una época donde se delegan decisiones en algoritmos, tendencias y sistemas impersonales, esta advertencia resulta más actual que nunca. Nada está escrito. Nada está garantizado. Y precisamente por eso, todo depende de la conciencia humana.

Tuesday, December 16, 2025

𝗗𝗘𝗖𝗔𝗡𝗗𝗘𝗡𝗖𝗜𝗔 𝗗𝗘 𝗟𝗢 𝗛𝗨𝗠𝗔𝗡𝗢. 𝗖𝗨𝗔𝗡𝗗𝗢 𝗘𝗟 𝗣𝗥𝗢𝗚𝗥𝗘𝗦𝗢 𝗡𝗢𝗦 𝗘𝗫𝗜𝗠𝗘 𝗗𝗘 𝗥𝗘𝗦𝗣𝗢𝗡𝗦𝗔𝗕𝗜𝗟𝗜𝗗𝗔𝗗

Serie: Análisis del Pensamiento de Konrad Lorenz en su obra: DECADENCIA DE LO HUMANO - Parte I

Entrada introductoria de la serie

En esta serie de artículos analizaremos una obra tan incómoda como necesaria: Decadencia de lo humano, del etólogo y pensador Konrad Lorenz. Aunque fue escrita hace décadas, sus advertencias resuenan hoy con una fuerza inquietante. Lorenz no habla de ciencia abstracta ni de teorías lejanas; habla del ser humano concreto, de su conducta, de sus decisiones y de la forma en que la sociedad moderna ha ido perdiendo el sentido de responsabilidad bajo la ilusión del progreso inevitable. Este primer artículo abre el camino a un análisis más amplio.

Durante mucho tiempo, el ser humano ha querido creer que el mundo avanza siguiendo un orden preestablecido, casi automático. Según Lorenz, esta creencia en un “orden mundial dirigido” no es inocente: funciona como una coartada moral. Si todo está destinado a avanzar, entonces nadie es verdaderamente responsable de lo que ocurre.

Esta idea se repite hoy de muchas formas. Se dice que “el sistema es así”, que “el mercado manda”, que “la tecnología no se puede detener”, o que “la historia siempre avanza”. El resultado es el mismo: las decisiones humanas quedan diluidas, como si nadie estuviera realmente al mando.

Lorenz advierte que cuando el ser humano cree que el rumbo del mundo está decidido de antemano, se libera de una carga incómoda, la de pensar en las consecuencias de sus actos. Si el progreso es inevitable, entonces también lo son sus daños. Y ahí comienza una decadencia silenciosa, pero profunda.

Un ejemplo claro lo vemos hoy en el desarrollo tecnológico. La pregunta dominante ya no es “¿esto nos hace mejores como sociedad?”, sino “¿se puede hacer?”. Y si se puede, se hace. Redes sociales diseñadas para captar atención sin límites, algoritmos que amplifican el conflicto porque generan más interacción, desarrollos que avanzan sin una reflexión ética real. Según Lorenz, confundir posibilidad con obligación es uno de los errores más peligrosos de la modernidad.

El progreso, insiste Lorenz, no crea valores por sí mismo. Puede facilitar la vida, pero también vaciarla de sentido si no existe una brújula moral que lo oriente. Hoy lo vemos en ciudades que crecen sin humanidad, en economías que prosperan mientras aumentan la soledad y la ansiedad, y en sociedades que celebran la innovación mientras pierden la capacidad de cuidar lo esencial.

Aquí aparece una idea central del autor que sigue siendo clave: el desarrollo cultural avanza tan rápido que ha dejado atrás nuestra capacidad de adaptación ética. Cambiamos el mundo más rápido de lo que aprendemos a habitarlo. Y cuando eso ocurre, el riesgo no es solo externo, es interno y se deteriora nuestra naturaleza humana.

Lorenz no plantea un discurso fatalista. Al contrario, señala que hoy la responsabilidad está más que nunca en manos del ser humano. El rumbo ya no lo marca una fuerza externa, sino nuestra capacidad de valorar, elegir y detenernos cuando hace falta. Pero eso exige algo que la sociedad actual ha ido debilitando: sensibilidad para los valores.

Si tú renuncias a pensar en las consecuencias de lo que apoyas, consumes o celebras, otros decidirán por ti. Y si una sociedad entera hace lo mismo, el descenso no será inmediato, pero sí constante. El verdadero peligro no es avanzar demasiado rápido, sino avanzar sin saber hacia dónde.

Este primer artículo deja planteada la advertencia inicial de Lorenz: cuando el ser humano se convence de que el mundo avanza solo, también se convence de que él no es responsable. Y una humanidad que renuncia a su responsabilidad, no progresa: se deshumaniza.

Thursday, July 24, 2025

𝐋𝐀 𝐔𝐋𝐓𝐑𝐀𝐃𝐄𝐑𝐄𝐂𝐇𝐀 𝐌𝐀𝐍𝐈𝐏𝐔𝐋𝐀 𝐋𝐀 𝐄𝐌𝐎𝐂𝐈𝐎́𝐍, 𝐄𝐋 𝐍𝐀𝐂𝐈𝐎𝐍𝐀𝐋𝐈𝐒𝐌𝐎 𝐘 𝐄𝐋 𝐂𝐎𝐍𝐒𝐄𝐑𝐕𝐀𝐃𝐔𝐑𝐈𝐒𝐌𝐎 𝐑𝐀𝐃𝐈𝐂𝐀𝐋

𝑳𝒂 𝑼𝒍𝒕𝒓𝒂𝒅𝒆𝒓𝒆𝒄𝒉𝒂 𝒎𝒂𝒏𝒊𝒑𝒖𝒍𝒂 𝒍𝒂 𝒆𝒎𝒐𝒄𝒊𝒐́𝒏, 𝒆𝒍 𝒏𝒂𝒄𝒊𝒐𝒏𝒂𝒍𝒊𝒔𝒎𝒐 𝒚 𝒆𝒍 𝒄𝒐𝒏𝒔𝒆𝒓𝒗𝒂𝒅𝒖𝒓𝒊𝒔𝒎𝒐 𝒓𝒂𝒅𝒊𝒄𝒂𝒍.

En distintos rincones del mundo, el avance de movimientos ultraconservadores ha venido acompañado por una estrategia calculada, apropiarse de símbolos nacionales, discursos patrióticos y gestos emotivos para ganar credibilidad y poder político. En esta dinámica, se construyen narrativas que colocan a sus líderes como salvadores de una patria en “peligro”, a menudo señalando enemigos internos como feministas, ambientalistas, migrantes, periodistas o cualquier actor que cuestione la línea oficial.

Estas expresiones no son nuevas, pero sí se han sofisticado. Hoy, no basta con ondear una bandera; ahora se llora frente a ella, se dramatiza el amor patrio con tal intensidad que quien lo cuestione es considerado traidor. En paralelo, se instalan posturas autoritarias disfrazadas de orden y disciplina, y un conservadurismo social extremo que no tolera avances en derechos humanos o justicia ambiental.

Lo preocupante no es solo el discurso, es la ejecución. En nombre del nacionalismo, se promueven leyes restrictivas, se desmantelan contrapesos democráticos y se desprecia abiertamente a quienes piensan distinto. En algunos casos, incluso, se ha coqueteado con ideas extremas como la “sustitución étnica”, evocando conflictos internacionales con consecuencias devastadoras.

La advertencia que se dibuja en Costa Rica


En este contexto global, Costa Rica no es ajena a ciertas señales de alerta. En los últimos tiempos, se han observado manifestaciones públicas donde el uso de símbolos patrios se convierte en estrategia de manipulación emocional. La teatralización de sentimientos nacionalistas ha buscado posicionar discursos autoritarios dentro del terreno de lo legítimo.

Además, ha emergido un conservadurismo social radical que se opone de forma frontal a movimientos progresistas como el feminismo o el ambientalismo, no desde el debate argumentado, sino desde la descalificación sistemática. Esta postura se alinea con una visión de poder centralizado, donde se relativizan derechos individuales en nombre del “orden”.

Aunque aún no se puede afirmar que Costa Rica haya entrado formalmente en una etapa de ultraderecha autoritaria, sí se perciben intentos preocupantes de sectores específicos por empujar al país en esa dirección. El riesgo es real y amerita una observación ciudadana constante.

Activemos El Radar Democrático, como Factor Clave de Observación

La manipulación de símbolos patrios como instrumento político. Cuando los emblemas de la nación dejan de ser una expresión colectiva y pasan a ser utilizados como propiedad de un grupo ideológico, se rompe el pacto simbólico de unidad. Estemos atentos a quiénes y cómo intentan usar esos símbolos para excluir, silenciar o dominar.

De la exageración emotiva a la manipulación ideológica

El uso emotivo de los símbolos no es casual ni inocente. Tiene un propósito, sustituir el pensamiento crítico por la identificación emocional. Cuando una figura política llora abrazando una bandera, cuando se repiten cánticos cargados de épica nacional, lo que se busca no es recordar los valores democráticos, sino generar una atmósfera emocional que excluya cualquier análisis racional.

En esa atmósfera, todo el que disiente se convierte en enemigo. Así lo han hecho las tiranías a lo largo de la historia, presentan su visión como la única forma de patriotismo posible y acusan de traidores a quienes no se alinean. Lo más peligroso es que ese tipo de clima emocional puede allanar el camino para medidas autoritarias bajo la justificación de “defender a la patria”.

El Conservadurismo radical no es moral es una herramienta de poder

Una de las banderas favoritas de estos sectores es la moral. Se presentan como guardianes de los valores familiares, de la tradición, de la “decencia”. Pero detrás de ese discurso se esconde muchas veces un profundo desprecio por la diversidad, por los derechos humanos y por las transformaciones sociales que han costado décadas de lucha.

En Costa Rica, ese conservadurismo ha tomado formas alarmantes. Algunos grupos han arremetido con fuerza contra los movimientos feministas y ambientalistas, no desde el desacuerdo razonado, sino desde la deslegitimación total. Se les presenta como “enemigos del país”, “ideologías destructivas”, “agenda extranjera” y otros calificativos que buscan dividir en lugar de dialogar.

Este tipo de oposición radical no busca construir, sino destruir a quien piensa distinto. Es una forma de violencia simbólica que deteriora la calidad del debate público y erosiona la posibilidad de acuerdos democráticos.

¿Cómo se reconoce esta pretensión autoritaria?

El fenómeno que observamos en Costa Rica no se ha institucionalizado por completo, pero sus señales son claras:

- Discursos polarizantes disfrazados de patriotismo.

- Uso político de las emociones para evitar debates racionales.

- Intolerancia sistemática hacia sectores progresistas.

- Exaltación de una “única” visión de país, excluyente y moralista.

- Rechazo de todo cuestionamiento como “ataque a la nación”.

Esto no significa que todo conservador o patriota sea autoritario, por supuesto que no. Significa que debemos estar atentos cuando ciertos valores se usan como arma para imponer una visión única del mundo y desplazar a las demás.

La pluralidad como recurso democrático

La democracia se construye desde la pluralidad, el disenso y el respeto. Cuando se pretende monopolizar la verdad, la moral o la patria, estamos ante una amenaza. No porque esos discursos estén prohibidos ya que la libertad de expresión los protege, sino porque cuando buscan acallar a los demás, dejan de ser democráticos.

No podemos permitir que la bandera de Costa Rica sea usada como mordaza. No podemos permitir que el amor por la patria sea excusa para perseguir, excluir o dividir.


Wednesday, July 23, 2025

𝗟𝗢𝗦 𝗘𝗫𝗧𝗥𝗘𝗠𝗢𝗦 𝗗𝗘𝗟 𝗢𝗗𝗜𝗢 𝗖𝗨𝗔𝗡𝗗𝗢 𝗘𝗟 𝗣𝗢𝗗𝗘𝗥 𝗦𝗘 𝗖𝗢𝗡𝗩𝗜𝗘𝗥𝗧𝗘 𝗘𝗡 𝗢𝗕𝗦𝗘𝗦𝗜𝗢́𝗡: 𝗡𝗘𝗥𝗢𝗡 𝗘𝗠𝗣𝗘𝗥𝗔𝗗𝗢𝗥

El odio y la ambición han sido, a lo largo de la historia, una combinación peligrosa. Cuando el deseo de poder se antepone a los vínculos humanos, los resultados pueden ser trágicos. Uno de los episodios más oscuros del Imperio Romano ilustra esa verdad de forma escalofriante: el asesinato de Agripina, madre del emperador Nerón, ordenado por su propio hijo.

La historia está documentada por historiadores como Suetonio y Tácito. Agripina, una mujer ambiciosa y estratega, jugó un papel crucial para que su hijo ascendiera al trono. Pero con el paso del tiempo, Nerón comenzó a verla como una amenaza. A pesar de sus orígenes en la nobleza romana, y del poder político que manejaba, Agripina fue víctima de un complot diseñado por su propio hijo, quien temía que su madre lo despojara del trono o limitara su poder. La hizo asesinar, no sin antes ensayar varios métodos fallidos para matarla, entre ellos el naufragio simulado de una embarcación.

Más allá del drama familiar y del morbo histórico, el hecho revela una verdad atroz: cuando el poder se convierte en obsesión, hasta los vínculos más profundos terminan siendo rotos cuando el afán de poder lo consume todo. Nerón no solo eliminó a su madre; también acabó con lo poco que quedaba de legitimidad moral en su gobierno. Su acto marcó un punto de inflexión en el deterioro del Imperio romano. La desconfianza creció entre las élites, el temor se volvió norma y las traiciones se multiplicaron. El Imperio siguió existiendo por siglos, sí, pero el ejemplo de Nerón quedó como herida abierta sobre la relación entre poder y brutalidad.

El odio se vuelve cada vez más método político

En las dictaduras modernas, el patrón se repite, aunque no con espadas ni venenos. Eliminar al adversario ya no requiere eliminarlo físicamente, basta con destruir su reputación, silenciar su voz o manipular las emociones colectivas para crear un enemigo útil. Las tiranías disfrazadas de democracia crean climas de odio donde cualquier voz crítica es tachada de traidora. Y así, como Nerón, quienes buscan dominar a toda costa no dudan en aplastar incluso a los suyos si los perciben como amenaza.

Los discursos de odio no surgen de la noche a la mañana. Se cultivan lentamente, a veces desde lo más alto del poder, otras desde las esquinas digitales de la desinformación. La historia de Nerón no es solo un capítulo histórico; es un espejo incómodo del presente. Los líderes autoritarios, muchas veces, no necesitan asesinar literalmente, les basta con instalar el miedo, dividir a la sociedad y convencer a sus seguidores de que la crítica es traición.

La Democracia debe estar alerta

Ninguna democracia está exenta de los riesgos del odio disfrazado de patriotismo, ni del autoritarismo que se vende como salvación. El caso de Nerón nos deja una advertencia que trasciende siglos, cuando alguien está dispuesto a destruirlo todo por mantenerse en el poder, no hay vínculo, ley o institución que no esté en peligro.

Por eso, en las democracias modernas, hay que mirar con cautela a quienes manipulan el miedo, justifican el odio o prometen orden a cambio de obediencia ciega. El odio político no es simplemente una emoción personal, es una estrategia peligrosa que puede acabar con pueblos enteros. Y aunque hoy no tengamos emperadores, sí existen liderazgos que cultivan las mismas prácticas, usando otros métodos y otros escenarios.

El discurso de odio como síntoma de ambición desmedida

Toda ciudadanía consciente debe identificar cuándo un liderazgo utiliza la división emocional como herramienta de control. No se trata solo de palabras duras, sino de lo que esas palabras preparan, un camino hacia el autoritarismo.


Saturday, July 10, 2010

Un mar de delincuencia sin isla

Por: Hulda Miranda Picado, Consultora

Las cárceles de Costa Rica están sobre pobladas según una noticia publicada en La Nación el 7 de abril de este año. La publicación informó que los jueces de Ejecución de la Pena concedieron al Ministerio de Justicia seis meses para eliminar el problema de la saturación de las cárceles, pues según la misma nota, hay más de mil reos sobre el límite.

Las calles de Costa Rica están repletas de delincuencia y crímenes según los medios de comunicación y las personas con las que diariamente conversamos, que nos cuentan sus experiencias como víctimas de asaltos y otros sucesos. El informe de evaluación del Plan Nacional de Desarrollo de Febrero de este año indica que el porcentaje de costarricenses que ven la inseguridad como el problema más grande del país creció a un 25% en el 2009. Al parecer, muchos delincuentes no pueden ser encerrados por mucho tiempo, quizá por la misma falta de cárceles.

Algunos ni siquiera son capturados, porque la cantidad de policías en las calles no es tan grande como la cantidad de delincuentes dentro y fuera de las cárceles. El año anterior fui víctima de dos asaltos, sucedidos en horas de la tarde, en horas de tránsito fluido. En ninguno de ellos se encontraba un policía cerca para perseguir y capturar a los delincuentes. Los hechos continúan en investigación según los oficiales.

Ante la orden de los jueces de “eliminar el problema de la saturación de las cárceles” me entra el temor –debido a mi experiencia- de si pensaran las autoridades liberar a todos los delincuentes y así saturar las calles, aún más, de delincuencia. El tema no es nuevo. El problema de la saturación de las cárceles se oye y se ve desde hace varios años. Por lo mismo, ha sido un tema relevante en las propuestas de candidatos a la presidencia como se vio en la pasada campaña electoral.
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Patrocinado por: Félix Miranda Quesada (*)

(*) ASESOR Y TUTOR DE TESIS DE GRADO

Thursday, July 8, 2010

¿Un periodista diplomático? Pues sí

Por:

Hulda Miranda Picado
Proyecto CONTRASTES
huldamp@gmail.com
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Sobre el nombramiento del periodista Eduardo Ulibarri como embajador de Costa Rica ante la Organización de Naciones Unidas (ONU), mucho se ha discutido en comentarios de noticias y redes sociales sobre lo adecuado o no, de su designación.

Frases como: “se destituye de su puesto a un funcionario preparado para su desempeño y se le sustituye por otro que, como él mismo reconoce, no tiene ni la preparación ni la experiencia para desempeñarlo”, han surgido en respuesta a la noticia de que este periodista será quien sustituya al excanciller Bruno Stagno, luego de que éste renunciara por cuestionamientos sobre el hecho de que él mismo firmó su nombramiento en dicho cargo.

En contraposición, otros opinan que “personas como don Eduardo Ulibarri elevan nuestra imagen de país civilizado y culto”.

El debate ronda en torno a lo apropiado o inapropiado del perfil del periodista para ocupar un puesto de diplomacia. Por ello, hemos de hacer un apunte sobre este concepto.

El diccionario de la Real Academia Española se refiere a diplomacia como: 1. f. Ciencia o conocimiento de los intereses y relaciones de unas naciones con otras. 2. f. Servicio de los Estados en sus relaciones internacionales. 3. f. coloq. Cortesía aparente e interesada. 4. f. coloq. Habilidad, sagacidad y disimulo.

Otra definiciones como la de Nicolson expresan la diplomacia como “Sentido común y comprensión aplicados a las relaciones internacionales. La aplicación de la inteligencia y el tacto a la dirección de las relaciones oficiales entre Gobiernos de Estados independientes”.

Los representantes de las naciones ante la ONU velan por los intereses de sus países, utilizan la negociación para proteger dichos intereses, fomenta relaciones amistosas y diplomáticas con otros estados.

Dadas esas características, concluimos que un representante del país no requiere tener estudios formales en ciencias políticas, sino, conocer las características propias del país que representa, las necesidades que tiene, las políticas y situaciones de otros países y tener buen tacto con otras personas.

Sin restar los méritos que el señor Stagno merece por su trayectoria, experiencia y estudios formales, además de los logros obtenidos como representante de nuestro país, consideramos que el señor Ulibarri es una persona totalmente capacitada para desempeñar el cargo.

No pretendemos en este momento exaltar al gremio del cual formamos parte, pero reconocemos que en su formación como periodista y en el ejercicio de esta profesión, en la que además ha debido conocer situaciones de diversas naciones del mundo y por supuesto vivir a fondo la situación del país que adoptó, don Ulibarri ha logrado tener “una noción del mundo amplia”, como él mismo afirma.

Al César lo que es del César. La designación de este periodista no es fortuita. La presidenta de nuestro país, Laura Chinchilla, ha reconocido que ante la baja del señor Stagno era necesario colocar a una persona reconocida en el país por interesarse en los asuntos de éste y por contar con el “sentido común” y el conocimiento del mundo para lograr buenas relaciones en el exterior.

Quizá, su inexperiencia en política, la misma que muchos critican, se convierta en la mejor carta para don Ulibarri, que libre las corrupciones y vicios que pueden dejar esas labores, se oriente a ejercer una diplomacia con los principios del periodismo, la veracidad, la búsqueda de la verdad, el inclinarse por el bienestar de la sociedad y del interés público.

Esperamos que el señor Ulibarri rememore desde la silla de embajador que ahora le corresponde, los tiempos en que como periodista buscaba ejercer alguna influencia positiva en la sociedad y en que como profesor enseñó a sus estudiantes a apreciar los defectos y posibilidades que da el quehacer del periodista y lo aplique a su nueva labor. Un embajador periodista que deje en alto el nombre de esta nación.

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Wednesday, June 2, 2010

Doña Laura, ¿decidirá el nombramiento de esta persona, con ese ANTECEDENTE?.

Por:
Felix Miranda Quesada
Consultor de Negocios (*)
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El título de este artículo, que en realidad más que mi artículo, es un artículo de la prensa, es: "Doña Laura, ¿decidirá el nombramiento de esta persona, con ese ANTECEDENTE?".

Lo anterior, haciendo eco a una pregunta que planteé en el artículo anterior, respecto del AUTONOMBRAMIENTO del ex-canciller de la república Bruno Stagno.

Sí tenemos un Poder Legislativo que, de alguna manera y por alguna razón no goza de toda la confianza del pueblo que lo eligió, el panorama se torna más triste si el poder ejecutivo se sitúa en el mismo lugar. Y con la acción del señor Stagno, soplan vientos bastante nocivos que podrían provocar un fuerte "resfriado" a un país y una sociedad de por sí, enferma, hastiada del abuso de nuestros políticos.

Por eso, noticias como la que publica la nación el día de hoy, no dejan de depararnos algún grado de satisfacción e inspirarnos confianza en que las cosas van a mejorar.

En principio, la nota es prometedora, veamos:

"El excanciller Bruno Stagno renunció hoy al puesto de embajador ante Naciones Unidas que él mismo se asignó en los últimos días del gobierno de Öscar Arias".

No sabemos, cual será el desenlace, porque muchas cosas pueden ocurrir y, además, desconocemos el sentimiento de las personas con capacidad de decisión. Pero algo digno de agradecer a la prensa es su vigilancia ante actos que violan todas las normas éticas, como lo hemos dicho en otros artículos.

Aunado a lo anterior, la transcripción siguiente es alentadora:

"Ayer, el procurador de la ética, Gilberth Calderón, dijo en La Nación que Stagno violó las normas éticas al autonombrarse como embajador de Costa Rica en Naciones Unidas (ONU) y que, por lo tanto, el Gobierno debe anular tal designación".

De acuerdo con el señor Procurador de la ética:

"Calderón dijo que la Presidencia deberá abrir un procedimiento administrativo contra el excanciller para investigar su actuación. Agregó que si el informe de la Cancillería determinó que hay conflicto de intereses, ello implica una violación al deber de probidad, una norma ética que está en el artículo 4 de la Ley contra la corrupción y el enriquecimiento ilícito. La sanción es el despido sin responsabilidad patronal".

Por su parte, en criterio de la Dirección Jurídica del Ministerio de Relaciones Exteriores

"Stagno incurrió en un conflicto de intereses al autonombrarse embajador en ONU tres días antes de dejar el poder".

Pero, no todo es tan prometedor, el señor Stagno (y su actuación) también tiene defensores, observemos lo que dice la nota periodística:

"Hoy, en la red social Twitter, el embajador designado en China y exministro de Comercio Exterior, Marco Vinicio Ruiz, así como el exministro de Planificación, Roberto Gallardo, defendieron a Stagno.
Ruiz dijo que no hubo tal "autonombramiento" pues fue un órgano colegiado, el Consejo de Gobierno, el que designó a Stagno en la ONU.
Por esta razón, Ruiz afirmó que Chinchilla y el Consejo de Gobierno "deben valorar la situación presentada para que Bruno permanezca en su puesto".


Y para cerrar con ¿BROCHE DE ORO?, terminemos de leer la nota periodística:

"Ahora, aparte de investigar el caso de Stagno, el gobierno de Laura Chinchilla enfrenta también otro caso: el del nombramiento del exembajador en Naciones Unidas, Jorge Urbina Ortega, en una embajada ficticia, tal y como lo informó este diario el 18 de mayo.

La decisión de ese nombramiento la tomó el gobierno de Óscar Arias Sánchez en el Consejo de Gobierno del 5 de mayo, a solicitud de Stagno".

Como ya saben los que me leen, me gusta invocar la memoria de nuestros abuelos en su gran sabiduría. Ellos habrían dicho talvez, algo como:

"No hay cara en que persignarse" y "¿En que país vivimos?"

Leer el reportaje completo en el La Nación Digital:

Adelante Costa Rica, no nos desanimemos, aún nos quedan recursos:

=> La Sociedad Civivl
=> Las Auditorías Internas y la Contraloría General de La República
=> Y nuestra fiel alidada, LA PRENSA.


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Lo invitamos a leer nuestro blog: "UN AUMENTITO DE SUELDO"